• El problema para la izquierda es que su viejo discurso se ha quedado sin combustible: ya no hay conciencias de clase que despertar ni obreros a los que sacar a la calle; hay autónomos asfixiados, mileuristas con máster y jóvenes que emigran porque aquí no pueden ni alquilar una habitación. Y cuando alguien se atreve a decirlo, se le acusa de reaccionario. Pero no es reacción, es realidad. Los jóvenes españoles no son conservadores: son prácticos. Han aprendido que el romanticismo político no paga el alquiler, que la ideología no llena la nevera y que las etiquetas morales solo sirven para silenciar a quien piensa diferente. Por eso buscan alternativas que no les prometan un paraíso, sino, sencillamente, una oportunidad.
    El problema para la izquierda es que su viejo discurso se ha quedado sin combustible: ya no hay conciencias de clase que despertar ni obreros a los que sacar a la calle; hay autónomos asfixiados, mileuristas con máster y jóvenes que emigran porque aquí no pueden ni alquilar una habitación. Y cuando alguien se atreve a decirlo, se le acusa de reaccionario. Pero no es reacción, es realidad. Los jóvenes españoles no son conservadores: son prácticos. Han aprendido que el romanticismo político no paga el alquiler, que la ideología no llena la nevera y que las etiquetas morales solo sirven para silenciar a quien piensa diferente. Por eso buscan alternativas que no les prometan un paraíso, sino, sencillamente, una oportunidad.
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